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“Después Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví,
que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos,
y le dijo: «Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió”. Lc 5. 27-28


Queridos hermanos docentes:
Jesús Maestro, sale al encuentro del hombre, ve su necesidad más profunda y lo invita a seguirlo como forma de reencontrarse con su llamado a la plenitud. La pedagogía de Jesús nos invita a Salir y Ver. Su modo de ser Maestro es un modo dinámico, activo, profundamente humano.
A esta experiencia El nos invita.
Jesús Maestro, Raboni, ha permitido que pudiésemos compartir con ustedes la experiencia de ser hermanos en la Vocación Docente y de haber podido dejarnos recrear por su magisterio.
Hoy nos acercamos con una propuesta que está dirigida al trabajo con el equipo directivo de la institución.
Entendemos y conocemos el importantísimo rol que el equipo de conducción ejerce en una Unidad Educativa. También sabemos de lo difícil que resulta ocupar ese espacio y sobre todo hacerlo desde criterios evangélicos.
Después de mucho andar y de ir recogiendo experiencias hemos elaborado un proceso de evangelización para directivos llamado:

El Directivo católico:
Discípulo de Jesús Maestro y Misionero de su Reino

Son objetivos de este proyecto
Generar espacios para que el equipo directivo en general y cada miembro en particular pueda:
• Compartir, pensar, recrear, re significar, aprender del otro y con el otro.
• Recordar y recrear los rasgos que definen una forma de conducir en comunión con el liderazgo de Jesús.
• Traducir los rasgos salientes del carisma de las instituciones de manera tal de repensar a partir de ellos la Visión y la Misión de la Unidad Educativa.
• Revisar las miradas que circulan en la escuela para poder: Mirar, mirarnos y diseñar proyectos en orden a la construcción y el desarrollo del Reino.
• Poner en obra lo que se aprenda a partir de la experiencia de encuentro con Jesús: Dios Vivo y Verdadero, Hermano, Maestro y Señor.
• Tomar decisiones y repensar el proyecto de gestión y de escuela a la luz del redescubrimiento del propio carisma institucional y del encuentro con el llamado de Dios a ser educadores y directivos de su pueblo.

Los temas centrales que se abordan son:
La práctica directiva: Práctica Evangelizadora
Identidad evangelizadora del directivo católico.
El acompañamiento de los procesos personales, grupales e institucionales.
El Liderazgo como experiencia de Servicio, Animación. Creatividad y Osadía.
La construcción de ambientes educativos y evangelizadores.
El trabajo de los vínculos con el resto de los directivos, los alumnos, los docentes, las familias, el sistema educativo, el contexto.
Resolución de conflictos.
La Fraternidad directiva.
El Directivo en la animación del Proyecto Pastoral.
Evangelización del curriculum. Los procesos de Evangelización e inculturación. Construcción, diseño y gestión de un proyecto curricular de matriz evangelizadora.
Implementación del proyecto
Se trata de una serie de 4 talleres articulados y estructurados de manera tal de poder hacer un camino de reflexión y formación.
Cada taller está estructurado a partir de un texto evangélico que es el eje de la propuesta.
Los mismos tienen una duración estimada de tres horas estando dirigidos al equipo de conducción de la institución.
Al ser un taller se propondrá una experiencia de construcción colectiva y de aprendizaje compartido a partir de la lectura y el análisis de situaciones concretas a la luz de la propuesta evangélica y enmarcado en la práctica pedagógica de Jesús Maestro.

Contenido de los talleres

Taller 1 - Mirarlo y Mirarme

En el origen: Encuentro y Pascua. Experiencia y opción. Llamado y Respuesta

Texto eje: Ex. 14. 5-31 - La liberación de Egipto del pueblo de Israel.

Fundamentación
Moisés es llamado por Dios a servir a su Pueblo y para ello le encomienda la Misión de conducirlo hacia la Tierra Prometida. “El Señor dijo: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. 8 Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel… (Ex 3. 7-8) Esta Misión le resulta inmensa en relación a sus posibilidades y sobre todo a los límites que reconoce en su propia persona, pero Dios ve más allá y por eso insiste en su propuesta:”…El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas”. Pero Moisés dijo a Dios: “¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?”. “Yo estaré contigo, le dijo Dios… Ex. 3. 9-12.

Esto resulta apenas el comienzo de una travesía compleja, por momentos imposible de sobrevellar, pero Dios no abandona a quien llama y su fidelidad se transforma en el sentido y el sustento de su esperanza.
Moisés es expresión del servidor fiel al servicio de la liberación de los hijos de Dios. Es por lo tanto referente esencial para quien asume la misión de conducir a otros a conquistar la promesa de una vida plena.
En este taller llamado: “En el origen: Encuentro y Pascua. Experiencia y opción. Llamado y Respuesta”. Recorreremos la travesía de este Pueblo conducido por Moisés a través del texto de Ex. 14 5-31 que nos relata:
“Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: “¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios”.
Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y este se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón.
Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. Y dijeron a Moisés: “¿No había tumbas en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: ‘¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto’”. Moisés respondió al pueblo: “¡No teman! Manténganse firmes, porque hoy mismo ustedes van a ver lo que hará el Señor para salvarlos. A esos egipcios que están viendo hoy, nunca más los volverán a ver. El Señor combatirá por ustedes, sin que ustedes tengan que preocuparse por nada”.
Después el Señor dijo a Moisés: “¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”.
El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”.
El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.”

Al reflexionar experiencialmente sobre este texto, sobre el rol de Moisés en el contexto histórico en el que acontece el relato, las reacciones del pueblo y sobre todo el actual de Dios, propondremos mirar la práctica directiva y trabajar sobre:
La mirada sobre la propia práctica.
Los cambios necesarios a partir de una experiencia de identificación con Jesús Maestro.
La Identidad del directivo católico a la luz del acontecimiento del encuentro con Jesús Maestro.
La Pascua del Directivo: El Encuentro con Jesús Re-Crea y Re-funda el llamado y Re-Nueva nuestras prácticas.

Taller 2 (dos encuentros) Mirarlo y Mirarnos

“Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos”.Lc. 24. 15

Texto eje: Lc 24. 13-35 - Los discípulos de Emaús

Fundamentación

Liderar un proyecto es, desde la mirada de Jesús, una experiencia de servicio, animación y acompañamiento.
Jesús camina al lado de quienes conduce, se acerca a ellos, los escucha, los recibe y a partir de acoger sus historias, sus dolores, sus fracasos, sus búsquedas ilumina su presente resignificando la historia en la que creyeron y que en algún momento los puso en marcha.
El esencial texto de los Discípulos de Emaús nos lo revela con magistral claridad.

“Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y, al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?». Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.”

A la luz de este relato y sobre todo a partir de un encuentro vital con él y desde él iluminaremos la misión directiva trabajando en dos talleres interdependientes y articulados sobre la siguiente propuesta temática:

Taller 2. Primera Parte:
“Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos”
Acompañamiento de los procesos personales, grupales e institucionales.
El Liderazgo: Animación. Creatividad y Osadía.

Taller 2. Segunda Parte:
«Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». Él entró y se quedó con ellos”.
Construcción de ambientes educativos y evangelizadores.
El trabajo de los vínculos.
Resolución de conflictos.
La Fraternidad directiva.


Taller 3 Mirarlo y Mirar

“…Levántate y camina…”

Texto eje: Mc.2. 1-12 - Curación de un paralítico

Fundamentación
Conducir a otros hermanos es ayudarlos a que se levanten y caminen. Que puedan salir de toda parálisis para que descubran la Vida como un Camino.
Jesús es un líder al que no le es indiferente el hombre detenido, su Palabra logra encender lo que está apagado y volver dinámico lo estático.
El hombre es un ser en proyecto, no está llamado a vivir en una camilla sino a descubrir caminos, anhelando horizontes.
Para Jesús el hombre se pone en marcha cuando es capaz de reconciliarse con los otros y sobre todo con él mismo. El texto eje de este taller nos presenta esta experiencia:

“Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?». Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».”

Desde la honda experiencia reconciliadora y sanadora que nos provoca el encuentro con Jesús Maestro iluminaremos la práctica directiva en orden a su misión transformadora a partir de la conducción y construcción de un proyecto evangelizador. Por tal motivo trabajaremos sobre los siguientes ejes temáticos:

El Directivo católico: Discípulo de Jesús Maestro y Misionero de su Reino. Discípulado y Misión: Expresiones de un mismo y único llamado.
La conducción y construcción en clave pastoral de un proyecto Evangelizador.
Evangelización del curriculum e Inculturación del evangelio.
El curriculum como expresión de una opción pedagógica-evangelizadora.

Como toda propuesta de la Fraternidad Raboni, la presencia de la Palabra de Dios, la experiencia de encuentro personal y comunitario con el Maestro y la construcción conjunta estarán presentes.
Para poder compartir con más detalle los alcances y la posibilidad de esta propuesta y aclarar todas las consultas que puedan surgir es que, de estar interesados, podamos concretar una entrevista personal.

Para tal fin los invitamos a que se comuniquen vía mail a raboni@fibertel.com.ar

 

raboni@fibertel.com.ar - 115802-5605